Las decisiones que nosotros tomamos en el día a día son las que marcan nuestra vida, son las que deciden nuestro futuro. Diariamente, sin notarlo, tomamos decisiones que pueden afectar de mayor o menor manera nuestro desempeño diario, nuestros planes, y muchísimas cosas más.
Y así como hay esas decisiones inconscientes, también están las que tomamos conscientemente, que son a las que a veces les damos muchas vueltas, tantas que dejamos de lado todo por concentrarnos en ellas sin saber que probablemente no son tan importantes para nosotros. O probablemente, el tiempo nos haga tomar esa decisión automáticamente, sin tener que pasar por esos problemas que a veces nos acarrea.

Esto no quiere decir que debemos dejar pasar todo, hay algunas que realmente necesitamos analizar, decisiones que por más que intentamos sacarles la vuelta y posponerlas, o simplemente ignorarlas para siempre, de una u otra forma se nos presentan, de una u otra forma no nos dejan continuar con nuestra vida. Una de las decisiones que más importancia toman en nosotros mismos, sin darnos cuenta, es el amor.
Esa persona por la que nosotros dejaríamos de hacer cosas y comenzaríamos a hacer otras, esa persona por la que nosotros decimos “Querer es poder”. Esas son de las decisiones más difíciles que podemos tomar en nuestras vidas, porque por más que buscamos salida, ese sentimiento que llevamos termina por cegarnos.
A quién no le ha pasado que cuando un amigo está mal, nosotros le damos los mejores consejos… Pero cuando a nosotros nos pasa lo mismo, no seguimos en lo absoluto nuestras propias palabras. ¿A ti no? Eres realmente raro…
Siempre pasa eso, hay sentimientos que nos ciegan, pero por más duro que sea todo eso siempre debemos tratar de pensar con la cabeza, tomar la decisión acorde a lo que nosotros le aconsejaríamos a un amigo. ¡Si es necesario pedir que nos lo recuerde!
Sinceramente yo estoy pasando por un momento así, y si revisan mis entradas anteriores verán que esto me ha traído de cabeza por un buen tiempo. Pero hoy he decidido abrir los ojos, hoy he decidido dejar todo eso atrás.
Que pase lo que tenga que pasar, no me importa, me doy cuenta de que aunque yo estaba mal, fui capaz de hablarle a una amiga con una situación similar (En realidad más grave) de lo que sería conveniente para ella, siendo que ni yo mismo lo pongo en práctica.
A partir de hoy me declaro una persona que ha tomado una decisión y que no tiene miedo a haber tomado la incorrecta, porque el tiempo me ha dicho que lo que yo quería seguir era lo incorrecto, y dudo mucho que también el otro camino a seguir me traiga los mismos resultados.
“El ser humano es el único animal que, intentando siempre las mismas cosas, espera resultados diferentes” – Albert Einstein.
Tu también, estás a tiempo, nunca es demasiado tarde para remendar algo que has hecho. Todos hemos cometido errores, y no nos tenemos que preocupar por eso; Nos tenemos que preocupar por no volver a cometerlos.
Hay que saber amar, pero amar es contemplar que hay mucho en juego, que por lo regular, siempre llega a su final.